Los vicios de la poesía provocan que el lector no logre una experiencia satisfactoria del poema y ponga su atención en las carencias del texto o, lo que es peor, en las carencias del poeta.
Círculo y Punto Ediciones
Mónica Lápez
Esta es la versión preliminar de un artículo que se publicará en los próximos meses y por lo tanto está sujeta a cambios. Sin embargo, está lo suficientemente completa para el uso didáctico de Círculo y Punto Ediciones, sus autores y talleristas de Pluma Independiente, quienes pueden hacer sugerencias para mejorarlo.
Determinar qué es o no un «vicio de la poesía» es un asunto problemático, ya que la poesía es, en esencia, el mayor campo de experimentación con el lenguaje. De hecho, todos los ítems aquí expuestos pueden utilizarse como recursos estilísticos a discreción del poeta.
Nosotros aquí entenderemos como «vicio« cualquier uso recurrente de estos recursos en tanto afecten el sentido o la fuerza expresiva del poema y no al revés, siendo conscientes de que pueden ser objetados legítimamente en el contexto adecuado.
Finalmente, basta recordar la importancia de los talleres o la mentoría para señalar las debilidades del poema, mientras que se sugiere trabajar las observaciones tras un proceso de reposo, relectura y edición del texto.
Antes que nada, debemos familiarizarnos con los conceptos más comunes para valorar un poema: